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miércoles, 13 de abril de 2016

Actos, no palabras.

Diciendo en susurros los “te quiero” que nunca supe pronunciar en alto. Relatando cada uno de tus actos en mi diario, describiéndole así a la única persona que en mi vida había amado. Cientos, y cientos de sentimientos que nunca supe explicarte ni demostrarte de corazón. Me acuerdo de cuando me decías, “Yo te quiero pero, ¿y tú?” y yo como tonta me perdía en tus orbes café mientras me observabas sin apartar la mirada. Me repetía una y otra vez mi subconsciente cuánto te quería, gritando en mi mente con esperanza de que saliesen las palabras de mi boca. Te enfadabas al oír solo el silencio que se pronunciaba entre nuestras miradas, te cansaste según tú de dar tanto y nunca recibir nada, pero, ahora soy yo quien te pregunta: ¿Quién era la persona que estaba en tus buenas y en tus malas etapas?; ¿Quién era la que te llamaba en las noches para desearte buenos sueños?; ¿Quién era la que a pesar de no saber decir un “te quiero” intentaba lo imposible por permanecer a tu lado?; ¿Quién era la que puso por ti las manos al fuego aun sabiendo que ardería por defenderte?
Fui yo y solo yo, quien demostró más que nadie. Ahora no me arrepiento de no haberte dicho te quiero, porque solo alguien en su sano juicio podría saber cuánto te he querido con tan solo ver la sonrisa que en mis labios se curvaban en el momento en que te veía llegar a mi lado. En el brillo de mis ojos cuando me abrazabas sin motivo, solo por el simple hecho de que querías. En mis mejillas sonrosadas cuando besabas mis marcados hoyuelos… Pero la vida sigue, por más que los recuerdos permanezcan intactos. Tú sigues tu camino al igual que yo comienzo a andar por el mío. Sólo recuerda que quien te quiere lo demuestra con hechos no con palabras. Los actos hablan por sí solos, mientras que las palabras pueden llegar a mentir por más que sean pronunciadas.

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