— A veces desearía no haberte conocido. Desearía no haberme enamorado de ti, desearía no haber estado desquiciada por no saber cómo aguantar aquel amor no correspondido, por todas las noches que lloré por tu culpa cuando pensaba que de seguro estabas con otra, y... ¡Agh, realmente me irritas!
Él se paró frente a ella y con un suave movimiento limpió con sus pulgares las lágrimas que bajaban por sus mejillas.
— ¿Realmente te irrito yo o es simplemente el hecho de que no puedes olvidarme el que te tiene loca, Lena? Reconócelo y deja de hacerte la dura porque tanto yo como tú, sabemos que estamos hechos el uno para el otro y que por más veces que nos alejemos, nos volvemos a acercar pero esta vez, aunque no me lo permitas, pienso estar a tu lado durante el resto de incontables días que el destino quiera.
Ella tragó miedosa.
— ¿Y si te digo que ya no eres tú la persona a la que amo y que he encontrado a alguien que es mejor que tú?
Él la miró y con una mano rodeó su cintura atrayéndola hacia él bruscamente, mientras que con la otra levantaba su mentón para que sus ojos se clavaran en los suyos.
— Puede que hayas encontrado a alguien mejor que yo, eso es posible. –Su aliento hacía que se estremeciera. Las piernas le temblaban y sentía calambres por todo el cuerpo. –Pero es imposible que esa persona te haga sentir lo que yo te he hecho sentir. Tú corazón me pertenece desde el momento en que nos conocimos, sabes que no amarás a nadie lo mucho que me amas a mí, Elena.
— ¿Amas? Es amabas, pasado. Ya no siento nada por ti. – Ni ella misma se creía esas palabras. Claro, que él menos.
Él sonrío de lado.
— Da igual cuál use. Amabas, en pasado; Amas, en presente; O amarás en futuro. Porque aunque intentes sustituirme con alguien más, siempre será a mí a quien ames, aunque creas que me odias, lo único que verdaderamente odias es el deseo de odiarme por el hecho de que en realidad me amas.

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