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jueves, 4 de febrero de 2016

Toc, toc.

Ella era ingenua, inocente y enamoradiza. Realmente no sabía nada de la vida, pero ella creía que lo sabía todo.
Siempre le pasaba lo mismo. Se enamoraba, creía, se ilusionaba, jugaban con ella, sufría, caía, se levantaba de nuevo y volvía a comenzar la continua cadena. Hasta que se hartó. Se dio por vencida en la creencia del amor.
Pero a veces por más que lo evites, el amor te persigue, te encuentra, cuando menos te lo esperas y con quién menos pensabas que llegaría a ser.
Correspondido o no, duele de igual forma.
Ella no quería sufrir de nuevo. Se dijo a si misma que la próxima flecha que intentase lanzarle aquel pequeño con pañales, la partiría en dos. Pero ambos, tanto su corazón como ella, sabían que no era verdad.
Caería de nuevo ante el poder más destructivo.
Tenía dos opciones. Intentarlo de nuevo o mirar hacia adelante.
Convencida, escogió la segunda, sin siquiera despedirse, arrepintiendose día tras día de no haberle dicho "te quiero".
Porque, por más veces que lo negase y no quisiera admitirlo, se quedó con las ganas de saber lo que pudo ser y no fue. Y que al final, nunca podría librarse de ese sentimiento, ya que, como dicen... "El amor siempre llama dos veces".

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